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El nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos contempla en su art. 17 el ‘Derecho al olvido y a la supresión’ cuyo objetivo es permitir que, el usuario pueda exigir a los responsables de tratamiento que eliminen de forma efectiva sus datos personales y se abstengan de difundirlos. La norma contempla que, el interesado podría exigir la supresión de los datos que le conciernen, ejercitando su derecho de oposición o retirando el consentimiento inicialmente prestado, entre otros supuestos.

El grupo del art. 29 y ENISA un su informe de 20 noviembre ya han apuntado varias carencias de la regulación indicando que, tal como está configurado no puede ser efectivo en la práctica.

Ciertamente, de una lectura del artículo se plantean múltiples dudas, cuando intentamos imaginarnos en qué situaciones podríamos ejercitar el derecho.

Por ejemplo, no queda claro cual es el ámbito de aplicación de este derecho, frente a quien se podría ejercitar o como realmente se podría hacer efectivo.

Pero la principal duda es: ¿realmente es posible la eliminación definitiva de datos o imágenes una vez se han hecho públicos? [+]

ENISA en su informe claramente nos dice que no. El derecho al olvido no es posible, una vez ha pasado a formar parte del dominio público, en un sistema global como es Internet.

En mi opinión la conclusión es correcta. Una vez se ha publicado una foto o datos a través de Internet, es imposible poder garantizar su eliminación definitiva. Podemos aspirar a impedir su futura difusión, pero no podemos controlar las descargas o copias que se hayan realizado y que puedan quedar en poder de terceros.

Pero realmente, ¿qué se pretende con el derecho al olvido? Yo creo que la finalidad es evitar que ciertos datos o fotografías estén eternamente en Internet pues, en los últimos años ha habido múltiples reclamaciones de este tipo, relacionadas con buscadores y redes sociales. Si este es el caso, en mi opinión creo que seria necesario otro enfoque.
Para empezar, es necesario establecer una diferenciación básica entre:

  • Los canales o operadores a través de los cuales se difunde la información (páginas web, redes sociales, buscadores, periódicos, magazines, programas de radio, canales de TV, etc.).
  • El responsable de la publicación (la empresa o persona física, con o sin ánimo de lucro que ha adquirido los datos / fotografías y los ha hecho públicos).

El derecho al olvido no es posible, una vez ha pasado a formar parte del dominio público, en un sistema global como es Internet.

Y ¿en qué casos podemos publicar datos o fotografías de otra persona? En mi opinión, creo que seria buena idea como punto de partida revisar los criterios de publicación en los medios tradicionales: cuando prevalezca el derecho a la libertad de expresión e información, cuando contemos con su consentimiento, proteger siempre los datos de menores, etc.

Y ¿quien se debería responsabiliza de las publicaciones? A mi entender, debería ser la persona o empresa que adquiere los datos y los hace públicos, no el medio o canal a través del cual se difunde.

No obstante, los canales o operadores deberían de adquirir un papel más activo en estos temas, garantizando políticas más claras y contar con procedimientos de solución de conflictos internos más efectivos. La última palabra debería ser del operador conforme a sus condiciones y si persistiera la disconformidad, el afectado podría recurrir a la autoridad de supervisión de su domicilio y posteriormente a la vía judicial, pudiéndose establecer una responsabilidad solidaria, si el medio o canal no hubiera actuado diligentemente.

Por otra parte, el derecho de oposición a una publicación en Internet o en cualquier medio de comunicación debería de garantizarse siempre que exista un motivo justificado, pero no en todos los casos. Por ejemplo, si ya ha existido un consentimiento previo, el derecho de oposición no puede ser ilimitado.

En conclusión, quedan muchos puntos pendientes de reflexión, y no hay que perder de vista que, el derecho al olvido en sentido estricto no ha existido nunca en los medios de comunicación tradicionales, que son más limitados, por lo que si trasladamos el problema a la red, aún parece más difícil de alcanzar.

Quizás de momento, una de las claves puede ser permitir un mayor control en la difusión, y no tanto en la eliminación.